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Descubriendo Hong Kong

Por Tita Hasbun – tita.hasbun@gmail.com – @tita.hasbun

Aeropuerto John F. Kennedy, New York.

Cathay Pacific, Vuelo CX831 NY-HK.

Depart (salida) 14:50 Domingo 01 Mayo, 2017.

Arrival (llegada) 18:50 Lunes 02 Mayo, 2017.

Sí, ciertamente el plan era pasar 16 horas en el aire en unas vacaciones que a mi madre y a mí nos tenían muy emocionadas ya que viajaríamos al “otro lado del mundo” junto a mi gran sister, quien es toda una conocedora de la cultura oriental y en cada relato nos contaba, cuando venía al país, sus experiencias y aventuras macondianas en sus más de 2 años de residencia en la isla de Hong Kong.

Antes de abordar imploré a las fuerzas del Yin y el Yang para contrarrestar el presagio anunciado: ¿16 horas?, ¿qué vas a hacer en tanto tiempo en un avión? ¡Te vas a aburrir, desesperar o volver loca! ¡No sé si al avión le aplicaron su feng shui, pero mi energía “Chi” no se afectó!

Digamos que tantas eran las expectativas, tanta la emoción por pisar esa tierra milenaria de 5,000 años de historia y conocer cada uno de los lugares que tenía ya previamente anotados en mi bucket list -y por supuesto ya googleado- que llevábamos una tertulia en las alturas, característica de nosotras las latinas que hablamos hasta por los codos, con esa rapidez de lengua, ademanes capaces de golpear córneas y nuestro propio cantao.

Puerto Victoria. Es un ícono de HK, vemos la Sinfonía de luces un espectáculo multimedia nocturno que participan más de 40 edificios, luces de colores, rayos láser en sincronizado con la música.

Hong Kong Big Budha. Una de las estatuas de Buda más grande sentada en el mundo se encuentra en la isla Lantau con 34 metros de altura 112 pies de bronce.

Wanchai. Constituye un moderno barrio con restaurantes y glamorosas tiendas de diseño.

Stanley. Un pueblo pesquero junto al mar de china meridional, para ir de compras, comer y pasear.

¡Entre comidas, bebidas, snacks, películas, cuentos, chistes y dormidas, desaguar el cuerpo y ponerlo en movimiento de cuando en vez, las horas literalmente volaron!

Llegamos a Hong Kong de noche, nos recibió un clima cálido y húmedo, ese que ya nos sabemos de memoria, por venir de este lado de Centroamérica. Abordamos taxis con dirección anotada: mi madre y yo en uno y mi hermana tomó el siguiente detrás de nosotras.

El taxista que nos tocó alegó estar perdido mientras intentábamos entenderlo en su inglés achinado. Nos salió con la excusa en mandarín que no encontraba la dirección, mientras dábamos vueltas por los mismos lugares y calles. En un momento nos vimos presas del pánico sin saber kung fu y me dio por recordar esas películas de mafia y secuestro, ya nos imaginaba en uno de esos pisos nauseabundos del crimen organizado implorando ser liberadas, cuando el aparato del carro marcó 100 dólares hongkoneses. Por arte de magia, dio con la dirección y nos depositó en el residencial donde vive mi hermana quién angustiada ya había amenazado a medio pueblo chino si el hombre del taxi no aparecía con nosotras. Llegamos al apartamento, decididas a olvidar y poner al otro día en marcha nuestros planes. Nos tumbamos, pero el efecto del jet lag comenzó a hacer lo suyo.

¡Ni Hao Hk!

Hong Kong, una región administrativa especial de la República Popular China, está formada por una península y varias islas, que hasta el 1 de Julio del 1997 fue colonia del Reino Unido. Una isla montañosa con una historia envuelta en dinastías, invasiones, emperadores, batallas, leyendas de dragones, etc.

Dotada de una cultura y patrimonio de contraste entre sus templos taoistas o edificios eduardianos, enclavados entre rascacielos, vestigios del legado chino e historia colonial europea. Hong Kong mira constantemente hacia el futuro, rindiendo honor al pasado. El espíritu late bajo la dualidad de una ciudad súper moderna reforzada en el patrimonio antiguo.

La ciudad asiática de los famosos actores Bruce Lee y Jackie Chan es hospitalaria y nos invita a descubrir su anciana historia, sus tradiciones ancestrales y la eterna sabiduría oriental. Una ciudad de negocios convertida en una de las capitales mundiales de la arquitectura moderna, con un zeitgeist urbano que mira al cielo respaldado en una tecnología e ingeniería avasallante.

La presencia británica en Hong Kong ha marcado la cultura local y convive con la china. Asia tiene su SOHO Hongkonés, una zona movida con lujosos bares, restaurantes exóticos, galerías de arte y calles estrechas y la experiencia gastronómica es impresionante.

Hong Kong cuenta con 12 mil restaurantes para satisfacer cualquier fantasía asiática, tailandesa, cantonesa e internacional. Aquí danzan los lou ding, fideos, la comida típica, los tradicionales wongtong y todo el menú que conocemos en occidente, pero con el sabor real, experiencias culinarias únicas que se disfrutan en los distintos y muy acogedores restaurantes. Y a bordo del moderno tranvía MTR, al ritmo del “china girl” de David Bowie, los calientes woks, el tintineo de las copas de vino, el choque de vasos de cerveza y celebraciones bulliciosas -de esas que solo se dan en familia- me fui embriagando por los más intensos aromas, sabores e historias de cada rincón de esta fascinante ciudad asiática en 21 días.

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