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Esquiadores tocan el cielo a los pies del Sagrado Corazón de París

‘Snowboard’ en mano, Gilles contempla entusiasmado los jardines nevados de la basílica del Sagrado Corazón, uno de los lugares más turísticos de París a 130 metros de altitud, convertido en una pista de esquí improvisada.

Es una “buena” nieve, si bien “no tanto como en 2010”, pero entonces “fue histórico”, comenta el esquiador con su traje amarillo fluorescente, llegado el miércoles tras la copiosa nevada de la noche y gratamente sorprendido de haber podido descender por los jardines durante una hora sin haber sido desalojado por la policía.

Si bien el parque está cerrado al público, un puñado de esquiadores saltó la valla con púas para disfrutar del inusual placer de esquiar en plena capital francesa. En “snowboard” o esquíes tradicionales, todos ellos son aficionados con experiencia.

“El mejor lugar en París es la calle del Chevalier de la Barre, es la que tiene más pendiente”, justo detrás del Sagrado Corazón, asegura Gilles, fundador y único miembro del “Montmartre ski club – 130 m”, en alusión al barrio donde se halla la basílica, en el norte de la capital.

© AFP
Un hombre esquía en una calle de Montmartre en Paris el 7 de febrero de 2018
© AFP PATRICK KOVARIK

El parque Buttes-Chaumont, en el este, “tampoco está mal, no hay nadie, iré después”, añade Aurélien, antes de lanzarse, con su cámara “Go Pro” colocada alrededor del cuello, en un eslalon de infarto entre escaleras y bancos.

El joven confía en esquiar tanto como le sea posible. “Ayer, llegué el primero”, explica mostrando las fotos de la “pista” en plena noche. “Se experimentan buenas sensaciones”, asegura, mientras siguen cayendo algunos copos sobre París, donde se acumularon más de una decena de centímetros de nieve.

– Multa de 68 euros –

El césped resurge entre la nieve en algunos lugares, la bajada solo dura unos segundos y luego hay que volver a subir a pie, porque el funicular, que podría hacer oficio de tele-arrastre, no funciona. Qué más da: “Es ya un placer decir que esquiamos en París”, explica Lucas.

“Ayer fui a buscar mis esquíes a casa de mi madre y a las 6h de la mañana ya me moría de ganas”, añade, antes de despedirse con amargura de la “pista” para ir a clase en la universidad.

Otros, con menos técnica, se contentan con un trineo improvisado de cartón duro. “Ayer no vine porque trabajaba, pero hoy aprovecho”, afirma Yacine.

Todos parecen haber vuelto a la infancia: un hombre con una máscara peluda de oso se enzarza en una batalla de bolas de nieve.

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Gente haciendo snowboard y caminando en Montmartre, en el éjido urbano de París, el 7 de febrero de 2018
© AFP PATRICK KOVARIK

Pero el recreo no durará mucho. Poco después de las 10h de la mañana, policías municipales suben las escaleras, provocando la huida de los esquiadores. “¿Ya saben que les podríamos multar? Son 68 euros (84 dólares)”, asegura, severo, uno de ellos.

“Me hubiese gustado que me impusieran una multa por eso, creo que la habría enmarcado”, murmura uno de los esquiadores escalando la valla para salir del parque. Pero no se da por vencido: “Trataré en el pequeño cinturón (una vía ferroviaria semienterrada y fuera de uso que rodea la capital), hay buenas pendientes, estoy seguro de que a nadie se le ocurrirá”.

AFP

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