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Cómo elegir el nombre del bebé

Seleccionar esa palabra sobre la que se construye la identidad de un hijo es un proceso que a veces resulta abrumador para los nuevos papás. He aquí algunas claves para una buena escogencia

Por Magaly Rodríguez

Revise la sonoridad. Cuando pruebe nombres, asegúrese de que la musicalidad es la apropiada al combinarlos con los apellidos de ambos. Considere también los potenciales sobrenombres que podrían darle al niño. Pruebe llamar a ese hijo o hija en voz alta y determine si le resulta cómodo (sobre todo pregúntese si a usted misma/o le gustaría llamarse así, o si más adelante se lo reclamarán). Revise si las iniciales en su conjunto no conforman una mala palabra o puedan ser motivos de burla más adelante.

Evite los nombres con connotaciones negativas. Se dice que los nombres marcan, pero es difícil saberlo con certeza. Aunque sean una tradición en algunas familias, nombres alusivos a situaciones negativas como Soledad o Dolores probablemente no sean las mejores elecciones para augurarle a esa niña una vida feliz. Si es necesario usarlos para rendirle homenaje a algún familiar, procure que sea al menos en el segundo nombre. Tenga también cuidado al combinar ciertos nombres con apellidos que tengan un significado. De esta manera evitará fiascos como Zoila Cabeza o Franco Bastardo.

Ignore los nombres de moda. Si el plan es darle a ese bebé un nombre especial, evite plegarse a los que todo el mundo está usando masivamente en estos tiempos. Considere que quizás su hijo/a estudiará con varios niños que tal vez se llamarán igual y que diferenciar a unos de otros podrá resultar engorroso. Asegúrese también de que el nombre es lo suficientemente apropiado para ambientes profesionales; uno demasiado rebuscado o con diminutivo incorporado puede ser problemático a futuro. Prefiera un nombre “resistente” al paso del tiempo y que funcione a cualquier edad.

Invente correctamente. Si desea hacer un híbrido, busque una forma sobria de hacerlo: en primer lugar, evite los excesos de consonantes en una misma sílaba, así como nombres compuestos con más de tres sílabas. Elija una ortografía sencilla -de manera que, a pesar de ser inventado, el nombre sea fácil de pronunciar y deletrear- y con una terminación que permita inferir fácilmente si se trata de un hombre o una mujer. Haga pruebas con distintas combinaciones hasta que logre dar con la que mejor se acople a los apellidos.

Piense en los documentos. A lo largo de su vida, ese hijo tendrá que llenar planillas y sacarse papeles de toda índole. Evite darle más de dos nombres de pila -sobre todo si ya tiene apellidos largos- y considere opciones que quepan sin mucho esfuerzo en un formulario estándar.

Busque aquellos que funcionen en varios idiomas. Si el niño nacerá en el seno de una familia multicultural, o vivirá en un país distinto al de sus padres, ayuda darle un nombre que funcione cómodamente en ambos entornos o que al menos sea de fácil recordación. Si se elige uno demasiado local, el niño o niña tendrá más problemas en aclararlo o repetirlo a cada rato.

Elija denominaciones diferenciadoras. Si está esperando mellizos o gemelos, considere nombres que sean suficientemente distintos entre sí, o que al menos empiecen por letras diferentes. Esto ayudará a los niños a captar que, aunque sean parecidos físicamente, son individuos que merecen desarrollar sus propias personalidades en lugar de ser tratados como dos “mitades”. Esta distinción también reducirá los enredos a la hora de llamarlos por separado.

Negocie. Si su pareja y usted no logran ponerse de acuerdo con los mismos nombres, procuren seguir buscando hasta hallar un término medio, en lugar de que cada uno llame al bebé por un apelativo completamente distinto. Con esto se busca evitar que el niño sienta que uno de sus padres no acepta su identidad o que preferiría cambiar algo de él.

Tenga varias opciones aprobadas. Puede pasar que, al nacer el bebé, los padres sientan que ese nombre que más les gustó “no se parece” a ella o él. Para no volver al punto de partida, de antemano consideren uno o dos nombres más como respaldo para “probárselos” al bebé antes de registrarlo legalmente.

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