Home | Placeres | Cuerpos y Mentes | Lectoescritura: ¿Antes o después?

Lectoescritura: ¿Antes o después?

Por Silvana Barlocci ? silvanabarlocci.com

Asistimos a la vertiginosidad en la vida cotidiana y los procesos de enseñanza no quedan por fuera. Los pequeños van al colegio cada vez más pronto, y los contenidos académicos se imparten con mayor celeridad. Vivimos en una sociedad que compite por la excelencia, quien no está en los primeros lugares corre el riesgo de no competir, y como padres siempre querremos que nuestros hijos tengan la oportunidad de llegar lo más lejos posible. Sin embargo, cada proceso tiene su ritmo, su cadencia, y el cerebro en desarrollo necesita tiempo para poder desplegarse, completarse e integrarse.

No todo lo que ocurre más pronto será de mejor calidad ni más provechoso. Los procesos de crianza y aprendizaje son lentos, complejos y cada logro se va asentando sobre la base del anterior, por lo tanto la solidez con la que se instaure una habilidad dependerá de la estabilidad que hayan logrado etapas antecesoras. Hacer foco en el proceso, muchas veces se nos vuelve dificultoso porque estamos acostumbrados a medir el éxito por resultados, pero si tomáramos en cuenta que éstos serán sólidos dependiendo de cuan asentadas están sus bases, quizás nos volveríamos más respetuosos de los mismos.

Así como la marcha es precedida por habilidades que permiten adquirir la etapa de gateo (desarrollo del patrón cruzado, desarrollo del sistema vestibular y propioceptivo, el enfoque de los ojos, etc.), cuando nos referimos a adquisición de lecto escritura, no deberíamos perder de vista la riqueza de actividades y habilidades previas que el pequeño debe transitar e integrar.

Lo ideal es que el aprendizaje se logre de una manera fácil y placentera, no de un modo desgastante, forzado ni tedioso. El énfasis debería estar puesto en que el niño aprenda con placer, entusiasmo, con ansias de incorporar conocimientos, investigar y experimentar. Así nos aseguraremos que se dará de manera profunda y no superficial.

Lo primordial es conservar intactas la curiosidad y ganas de aprender, puesto que quien tiene anhelo de saber, aprenderá lo que quiera y necesite en cualquier momento. La idea sería conservar el camino que conduzca al aprendizaje potencial durante toda la vida.

Durante los primeros cinco años de vida el movimiento corporal asegura la construcción de los cimientos sobre los que se erguirá el pensamiento abstracto más adelante; es necesario que el niño aprehenda el mundo a través de los sentidos y que incorpore la información de manera concreta y real. Necesita desarrollar habilidades sensomotoras, obtener un conocimiento preciso de su cuerpo y sus funciones, del mundo que lo rodea y de las posibilidades de intervención que tiene sobre el mismo.

El movimiento espontáneo y el juego libre permiten que se desarrolle la inteligencia sensomotriz, la creatividad, la imaginación, destrezas y fuerzas físicas, cognitivas y emocionales. Si forzamos o estimulamos el aprendizaje de la lecto escritura antes de que culmine la etapa anterior, estaremos quitando intensidad y potencia necesarias para completar el proceso físico madurativo y esto irá en detrimento de la integración sensorial y la planificación motora.

La mayoría de las dificultades de aprendizaje se deben a problemas con el equilibrio, tacto, reflejos, lateralidad, dominancia, visión, audición y, sin embargo, el sistema educativo propone cada vez más un aprendizaje intelectualizado y una sobreexposición sensorial que deja al niño con poca posibilidad de procesar e integrar, lo cual estaría yendo en contra del mismo proceso de aprendizaje que intenta impulsar.

Si se focaliza el aprendizaje de la lectoescritura antes de ser el momento óptimo para hacerlo, lograremos que el pequeño haga un esfuerzo enorme por mantenerse quieto, lo cual irá en contra de su capacidad de atención y le será muy difícil automatizar el movimiento óculo manual que le permita escribir. Es casi imposible poner atención en dos cosas a la vez, por tanto, para aprender es necesario tener la mente despejada de otros intereses que demanden energía. Las habilidades motrices, los movimientos corporales, deben automatizarse para que la conciencia quede libre y disponible para los procesos de aprendizaje, la idea es que el cuerpo colabore en el proceso y no que lo entorpezca. Si un niño está haciendo un esfuerzo por permanecer sentado, quieto, difícilmente logre concentrase en algo más e incorporar cualquier aprendizaje.

Para saber si el niño está listo para aprender a leer y escribir necesitamos observar si adquirió ciertas destrezas corporales como motricidad fina, coordinación visomotora, orientación espacial, lateralidad, atención, concentración, memoria y también emocionales y cognitivas como autovalía, confianza, concentración, atención, equilibrio, serenidad y comunicación.

Si un niño menor de cinco años quiere y disfruta aprender a leer y escribir, tampoco resultará alarmante pero si, podemos cuestionarnos: ¿ha dejado de hacer algo para focalizar en la lecto escritura?; ¿qué manejo tienen de su cuerpo y sus funciones?; ¿a nivel emocional, tienen la capacidad de reconocer y describir sus estados de ánimo y sentimientos?; ¿hemos estado reforzando con nuestras actitudes un comportamiento más sedentario e intelectual?; ¿está disfrutando o está intentando agradarnos al realizar algo que resulta muy valioso para nosotros?

Lejos de agobiarnos, conviene estar atentos, observar si sus necesidades de juego y movimiento están siendo saciadas de manera correcta, y no sobre estimular ni fomentar actividades que no se corresponden con su etapa evolutiva.

Bibliografía consultada: Tamara Chubarovsky, artículos de su autoría extraídos de la página web: www.vozymovimiento.com. Disfruta de la revista en Issuu

Check Also

Reforzar la sana autoestima en los adolescentes no es tarea imposible

Las transformaciones que se sufren durante la pubertad y gran parte de la adolescencia, forman parte …