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Papá es el mundo

Por Silvana Barlocci — silvanabarlocci.com

Al referimos a la crianza de bebés y niños pequeños, es habitual hacer referencia a la fusión emocional de la mamá con el bebé durante los primeros años, de lo importante que resulta que la mujer se encuentre contenida para poder maternar sanamente, de la figura de apego primario que por lo general es la madre del niño, pero, ¿Qué sucede con la figura del padre? ¿Qué acontece en un varón cuando deviene padre de una criatura? ¿Implica el mismo proceso ser mamá que ser papá?

Es importante hablar de la figura paterna como referente en la dinámica de crianza. El principal desafío del varón será sostener a su compañera para que, a su vez, ésta pueda sostener al nuevo ser. Amparar con los desafíos que esto implicará, las renuncias que también deberá asumir, y el consecuente reacomodo de sus rutinas y costumbres.

Supondrá a su vez, moverse de un lugar conocido y asumir que tampoco puede paternar en solitario, y que necesitará tejer también una red que lo sostenga y continente. Se volverá imprescindible revisar los acuerdos previos que tenía la pareja, acuerdos inconscientes, no dichos, tácitos que suelen derrumbarse cuando nace el primer hijo.

A pesar de que en pro de la igualdad de hombres y mujeres se abogue por la división de tareas domésticas, es importante recordar que nuestra equidad no pasará por homologar nuestros roles a la hora de criar y que la contención de los hijos no es una tarea doméstica más, sino que la paridad vendrá a partir de respetar e integrar ambas facetas y funciones que resultarán bien diferenciadas para el psiquismo del ser humano en desarrollo.

Sostener al hijo no implica necesariamente cambiar pañales ni bañarlo, sino que supone un sostén afectivo y emocional para que éste tenga a su vez la sustancia materna que necesita, la disposición y exclusividad que requiere y demanda.

Mamá pero no Papá

¿Qué sucede si por alguna razón, el padre no participa en la crianza? Un niño puede desarrollarse perfectamente, aunque su padre no esté presente durante su crecimiento, siempre y cuando la madre y quienes estén a cargo del pequeño, miren internamente con respeto al padre del niño, y tengan en cuenta que ese niño proviene de él, que la vida le ha sido transmitida por ambos progenitores.

Es importante separar lo que significa el padre, del rol paternante. Mientras que padre es quien da la vida como fuerza masculina y es uno solo e insustituible, el rol paternante puede ser ejercido por este papá biológico o por una red de amparo que posea la madre, y que pueda acompañar al niño a explorar otros vínculos que sean también de amor y confianza además del que posee con su mamá. Es importante que la mamá habilite, permita y avale esto. El rol paternante es preferible que sea ejercido por un varón (y no mujer) en el cual la madre confíe. Si esto no es viable, será positivo que la mamá cultive y sienta verdadera pasión por un trabajo, por un interés cultural o cualquier actividad en la que pueda focalizar su energía con entrega, y que implique un interés por fuera del universo del niño.

A la hora de establecer roles, lo ideal sería poner siempre el foco en las necesidades del niño y en base a eso, ir creándolos y definiéndolos para asegurar su sano crecimiento.

Pero entonces, ¿Qué rol define al padre?

Es en las primeras etapas, tarea del padre, habilitar, cuidar y proteger el delicado vínculo que se da entre la mamá y el bebé, salvaguardarlos de las intromisiones, proveerlos de todo lo mundano para que ellos puedan fluir en ese tiempo sin tiempo que necesitan, y actuar las veces de puente entre el océano profundo del puerperio emocional y la selva que significa la vida concreta para ellos.

Sostener, apoyar, equilibrar, alimentar, amparar, defender, afirmar… son tareas que llevará a cabo un papá comprometido, que además tendrá la paciencia necesaria para estar atento y alerta, aguardando el momento propicio en que el pequeño vaya saliendo de la fusión con su madre, para acompañarlo en el lento camino hacia la individualización, ofreciendo un puerto seguro desde el cual animarse a zarpar y confiar en las experiencias que ofrecerá el viaje por la vida.

Es interesante observar como a medida que el pequeño va aventurándose a descubrir el exterior, su padre jugará un rol más activo y directo. Es el padre quien le ofrece la mano para recorrer el mundo que los rodea, de quien toma la fortaleza, la interacción, el explorar mediante el juego activo y la aventura, el animarse a correr riesgos.

De la fuerza masculina nos llega la capacidad de establecer reglas, aprender a mediar, a negociar, a actuar asertivamente. Todo lo que tenga que ver con las habilidades sociales, el éxito y el desarrollo de la autonomía, le es brindado al pequeño a través de su padre.

Es el padre quien da la fuerza para encontrar un lugar en el universo y llevar a cabo los proyectos de vida. Podríamos decir que mientras la madre representa la vida, el padre representa el mundo, mientras con mamá nos fusionamos, con papá nos animamos a separarnos. Cualquier actividad que implique despliegue y separación -siempre y cuando el pequeño esté preparado- será mejor asimilada si es el padre quien acompaña cariñosamente en ese proceso. Todo lo que implique aventura, riegos, y hazaña será vivido con el padre. Muchos hombres expresan que su relación con los niños se vuelve más fluida cuando comienzan a hablar y pueden intercambiar de otro modo, y esto no es azaroso. Es justamente sobre los dos años y medio o tres, que el niño va culminando el proceso de fusión fuerte con su madre y va abriendo los ojos a un mundo que lo recibe de la mano de un papá.

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