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La elegancia de los vinos blancos

Iranela M. de Cortizo – Sommeliere Profesional

Al hablar de vinos, pensamos inmediatamente en el vino tinto; y, no hay quién sienta, que si no es vino tinto, no es vino. Lo más interesante de los vinos es la variedad de cepas que los componen. Cada cepa tiene su magia y su encanto, que al final la hace protagonista de excelentes maridajes.

El gusto por un vino no puede basarse exclusivamente en el color, ya que existen un conjunto de características organolépticas que nos llevarán a emitir un juicio justo sobre el vino que estemos degustando. Hoy dedicaré mi artículo a los vinos blancos, vinos que inauguran con elegancia nuestras veladas o cenas familiares, estimulando el apetito de todo comensal.

Las uvas blancas son tan variadas como las tintas, pero con una versatilidad que las distinguen del resto: pueden dar vinos ácidos, secos, dulces, livianos, refrescantes, alcohólicos, con o sin efervescencia, listo para beber o con capacidad de guarda. Generalmente de color verde o amarillo y con variedades que se encuentran presentes en los vinos del nuevo y viejo mundo, las más conocidas son: Chardonnay, Sauvignon Blanc, Riesling, Assyrtiko, Albariño y Torrontés.

Los vinos blancos presentan colores amarillos, dorados y verde claro, con aromas frutales como manzana verde, melón, naranja, limón, banana, miel, flores blancas, hojas secas, etc.

Del viñedo a la copa

El proceso de elaboración de los vinos blancos es muy peculiar. Las uvas son despalilladas y luego estrujadas. La fermentación se lleva a cabo a temperaturas entre los 15 y 20°, por 15 días, sin la presencia de hollejos o cáscaras de la uva. Sin embargo, existen algunas cepas como el Chardonnay, que sí son fermentadas en presencia de hollejos con la finalidad de brindar estructura al vino.

Los vinos blancos deben tomarse siempre a bajas temperaturas, que oscilan entre los 10-12 grados, ya que es en ese punto en el que se expresan mejor sus cualidades aromáticas y gustativas.

La Chardonnay es originaria de Borgoña, Francia, y es la cepa que presenta mejor comportamiento en barrica, lo que permite que envejezca muy bien y le imprime aromas a vainilla, mantequilla, tostada y nuez. Es casi imposible encontrar un Chardonnay inexpresivo, ya que es muy difícil hacer un vino pobre con este tipo de uva. Esta uva puede presentar cualidades muy distintas debido al lugar donde se originó. Los Chardonnays de Borgoña, por ejemplo, son más frescos y elegantes; en comparación con los de Australia y California, donde el clima cálido da como resultado una mayor madurez de la uva.

La Sauvignon Blanc es una cepa muy presente en la región de Loire y Burdeos; sin embargo, da excelentes resultados en Nueva Zelanda, Chile y California. ¿Y qué me dicen del Sauvignon Blanc de la región de Canelones Uruguay? Es una joya que presenta la frescura y acidez característica del Sauvignon Blanc, pero con una entrada un poco más dulce, aromas a maracuyá, piña, manzana y flores blancas; todo indicativo de que el clima mediterráneo y la exposición solar influyen en el grado de madurez de las uvas que son cultivadas en esta región.

Alemania presenta regiones vitivinícolas que dan vida a maravillosos vinos blancos como lo es el Riesling. Su clima frío y buena exposición solar; así como la diversidad de suelos compuestos de pizarra roja, pizarra negra, granito y arcilla; permiten que esta región pueda hacer alarde de vinos blancos muy aromáticos y con buena acidez. La uva Riesling es considerada una de las uvas más finas del mundo y podemos encontrarla también en Marlborough, Nueva Zelanda, Argentina, Chile y California. En esta última, los Rieslings son más dulces y menos secos.

Las uvas blancas costeras, como la Assyrtiko, cultivada en la isla de Santorini, Grecia, se ven increíblemente influenciadas por el suelo eminentemente volcánico, su clima seco y vegetación escasa; dando vinos de con una acidez y mineralidad muy peculiar. La región produce vinos en poca cantidad, pero de muy buena calidad, como el Thalassitis de la bodega Gaia Wines.

Compañeras en la buena mesa

El acompañante perfecto del pulpo a la gallega y demás delicias del mar, es la Albariño, uva autóctona de Galicia, región de Rías Baixas, España. Esta uva se desarrolla en un clima atlántico de suaves temperaturas, pero con lluvias muy frecuentes que ponen en peligro las cosechas. Es una uva con aromas eminentemente frutales, pero con algo de toques florales también.

Una excelente representante del vino blanco argentino es el Torrontés, cultivada con éxito en las grandes alturas de los viñedos de Cafayate, Salta. La Torrontés es elogiada por producir los mejores vinos secos aromáticos del mundo. Puede que esto se deba al increíble cruce genético de la uva negra con el Moscatel de Alejandría. Esto fortalece su intensidad aromática, desplegando aromas florales a rosa y jazmín; y al durazno maduro, lima y miel, que en muchas ocasiones nos confunde pensando que degustaremos un vino dulce y luego nos sorprendemos cuando al beberlo, descubrimos que en realidad es seco.

Sus maridajes de los vinos blancos deben basarse en la premisa de que son vinos poco complejos, elegantes, frescos y con una acidez siempre presente, por lo que las comidas que lo acompañen deben mantener estas características en su elaboración.

Luego de este maravilloso recorrido por las diversas regiones en las que se cultivan con éxito los mejores ejemplares de uva blanca del mundo; podemos decir con seguridad que ya sea Chardonnay, Riesling o Sauvignon Blanc, el vino blanco tiene su encanto y hay que aprender a apreciarlo.

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