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¿Me trae la cuenta por favor?

Por Julia Ortega – Blog: www.juliapelalayuca.com – @juliapelalayuca

Cuando vamos a un restaurante buscamos que el local tenga suficiente estacionamiento o servicio de valet parking, un ambiente y decoración agradable, servicio impecable, platos, cubiertos y cristalería hermosos sobre manteles inmaculados (incluso hay quienes ponen mala cara cuando les ponen manteles desechables de papel).

De los platos que salen de la cocina mejor ni hablar: más vale que los chefs y todo su equipo se esmeren y apliquen su creatividad porque hoy los comensales entramos a los restaurantes armados con Degusta.com y una cada vez más larga lista de redes sociales en las que aireamos el más mínimo inconveniente, o el más intenso placer de disfrute, sobre nuestra visita a un restaurante.

Ya saboreamos cada uno de los platos que estuvieron frente a nosotros, los fotografiamos y los analizamos como experimentados críticos culinarios, pero entonces llega la cuenta. Y no voy a entrar acá a dar mi opinión sobre si la propina debiera o no incluirse en la cuenta, no: me quedo mucho antes, en el subtotal.

A la hora de ver el subtotal se nos dilatan las pupilas y perdemos de vista toda una serie de factores, más allá de los ingredientes, que han de repercutir en el precio: local, luz, agua, gas, planilla, por poner algunos ejemplos.

Mención aparte merecen los ingredientes y la creatividad. Y es que cualquiera que frecuente los mercados y supermercados del país puede tener idea de los precios de productos como referencia. Así que si tenemos delante un plato cuyo ingrediente principal es, por ejemplo, un corte de carne importado cuyo precio, ya en crudo, es superior al precio medio de cualquier corte de carne nacional, no es de extrañar que el precio de venta del plato en un restaurante sea alto.

Y ante la expresión: “antes se comía barato en la calle” habría que contestar que no siempre es culpa de los restaurantes los precios actuales, sino más bien del incremento de precios que han sufrido los alimentos, en general, en Panamá. Hoy hacer la compra de alimentos en Panamá cuesta igual o más que en muchas ciudades de Europa o de Estados Unidos.

La creatividad en la cocina, como en cualquier otra área, hay que pagarla. Igual que no tiene el mismo precio una camisa sin firma que una de determinada marca, en la que ha sido fundamental el trabajo de un diseñador; no es lo mismo comer en una fonda que tener una experiencia gastronómica en ciertos restaurantes. ¿Que ambos pueden ser y presentar platos deliciosos? Indudablemente sí. Sin embargo, estos restaurantes dan un paso más allá: sus platos cuentan una historia a través del menú y cada plato tiene un perfecto balance de colores, texturas, ingredientes y sabores, sin olvidar la aplicación de ciertas técnicas culinarias heredadas del conocimiento.

Así que, de ahora en adelante, cuando llegue a tu mesa la cuenta es importante analizar lo que nos rodea: el local, la presentación, la decoración, el chef, los cocineros y saloneros, analiza lo que había detrás de cada uno de los platos que saboreaste. Recuerda que, como tú en casa, un restaurante tiene facturas de suministros que pagar, ingredientes que comprar para elaborar los platos y el talento de un chef que dedicó mucho tiempo a formarse y a practicar. Conocimiento, creatividad, calidad y esmero son solo algunas de las sumas que hacen que las cifras cuadren. Ahora sí: ¿me trae la cuenta por favor?

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