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Apuntes sobre moda y vestimenta

Por Tita Hasbun | Publicista de Moda

Como toda disciplina, expresión de los tiempos o para este caso particular, hablar sobre el fenómeno de la moda, esa que se entiende como una costumbre que está en boga durante algún tiempo o en determinado país, debemos referirnos a sus principios y páginas en la historia.

Para hablar de la moda, “tan de moda” en estos últimos años, hay que saber por dónde hilvanar, porque en un mundo tan complejo, una industria tan versátil, competitiva, con tendencia efímera; cualquier enfoque de hoy, será passé mañana.

Pero, amigo (a) lector, para evitar caer en las equivocadas interpretaciones de algunos mortales, hay que separar el concepto “moda y vestido”, -términos que muchos creen sinónimos-. Aunque ciertamente el vestido, es hoy en día, el principal vehículo de expresión de la moda, es sólo eso: un medio que abandera una tendencia que ha sobrepasado los límites de las pasarelas.

Y entre vestuario y moda existe una diferencia estructural marcada por el tiempo y el espacio, signada por la función social que las personas tienen.

“Las modas son lazos que unen a los individuos en un acto mutuo de conformidad con las convenciones sociales; mientras que el vestido, junto con el comportamiento, va más allá de las telas; incluye peinados, joyas, maquillajes, adornos corporales y otros complementos”, reseña Joanne Entwistle en El cuerpo y la moda: Una visión sociológica.

Sin ánimos de hacer escalas a través del tiempo, -ya que nos tomaría muchas “Salas de Espera”-, pero es propio, por lo menos mencionar el origen de la moda-vestimenta y para ello, algo simple y a la vista de todos traeré a colación la película María Antonieta, de Sofía Coppola. Este filme es el mismísimo retrato de la opulencia y excentricidad exhibida en los trajes, telas y adornos que ella, la reina de Francia y su corte vestían… El pan nuestro de cada día en la tierra de Renoir del siglo XVIII, de donde se dice, es el punto de partida de la “moda”, y de querer saber sobre la historia de la moda, su evolución y protagonistas, tenemos la herramienta universal para “enredarnos” en Internet y googlear cualquier inquietud.

Y para cerrar la clase fashion; que en estos 20 años nos hemos dedicado a vivir para contar; a descubrir para revolucionar e inspirar para transformar la visión y percepción del mundo de la moda, concluiré diciéndoles que la moda se ha convertido en un medio de expresión y comunicación, y, como dice la novelista Alison Lurie: “elegir ropa, en una tienda o en casa es definirnos y describirnos a nosotros mismos”.

Pero no todo es seducción, inspiración, derroche de creatividad y propuestas que cobran vida en cuerpos de modelos deseados por la gran masa humana que, aspira en cada temporada lucir como las y los tops del momento. Los focos se encienden en las pasarelas, para que, los grandes almacenes y tiendas por departamentos hagan sus pedidos y vayan rumbo a las fábricas o a los talleres de los diseñadores a dar costura y confeccionar … La historia no para allí y es como un laboratorio que requiere de ecuaciones, estrategias y vivir al acecho de los nuevos gustos y estilos de vida de los consumidores, para poder armar el rompecabezas, lograr éxito en las ventas y ver el desarrollo de la moda; es la misma fórmula que funciona en Nueva York y en Pekín:

La moda = diseñadores + consumidores + industria + plataforma de negocios + marketing…

La moda está basada en un auténtico lenguaje del que se sirven tanto los creadores -para informar o comunicar- como los espectadores y usuarios, testigos y receptores del mensaje. Un código cargado de significados, que aumenta considerablemente la función de la moda como lenguaje comunicador, ya que aúna creatividad, comunicación y marketing.

¡La moda sin industria no es nada!

El sector textil es la industria de cabecera para el desarrollo de la moda.

Sin políticas de planificación, que incluyan la cadena de valor del textil (productora de hilados, tejidos, complementos y estampados para las empresas de confección), sin infraestructura operacional, sin perspectiva del negocio y las desenfrenadas ansias de brillar sin la preparación, talento y experiencia, entre otros males que le aquejan al sector, el diseñador y/ o marca de diseño local, seguirá en franca desventaja porque la gran tajada del shopping se la llevan las grandes marcas internacionales asentadas en el globo terráqueo.

Destacan los casos de Blanco, Top Shop o Mango que son firmas dedicadas a seguir las tendencias de la moda y a fabricar y comercializar modelos “inspirados” en firmas de prestigio a un precio asequible, las cuales han democratizado el mercado de la moda. Su objetivo: captar tendencias y hacerlas llegar a un público diferenciado de aquel al que se dirigen las grandes marcas como Chanel, Marc Jacobs, Dior o Armani.

Y qué decir de la plataforma de marketing: ¿cuántos son los modistos y modistas del patio que cuentan con estas herramientas? En un mundo enredado (por las redes) no sólo del streaming vive el entretenimiento, la moda se viste online y hoy cualquier marca que se precie tiene una cuenta de Twitter, Facebook, Instagram y en algún caso de Google+, para que pueda existir una comunicación fluida entre sus clientes y poder captar a un target cada vez más globalizado.

Beneficios de la costura hecha en casa vs. la moda en serie

Pero no todo es seguir a las marcas internacionales: la industria de la moda y una parte del público está consciente de que el valor añadido de un vestuario “único” o de costura personalizada que ofrece un artista viene acompañado de la creatividad y la originalidad de sus productos. Cada día más el consumidor centroamericano exige más, se inclina hacia la autenticidad y el diseño personalizado, por lo que es indispensable para que lo hecho en casa logre la permanencia y se protejan todos esos elementos que forman parte de su capital intelectual, aunado a los instrumentos y estrategias para fomentar y capacitar a los involucrados de la industria. Es imprescindible contar con un plan de negocios a corto, mediano y largo plazo y políticas de sostenibilidad para el desarrollo del sector y la industria nacional.

Hacer lo que nunca se ha hecho…

A paso lento, pero seguro, los países de la región latinoamericana han ido desarrollando este negocio, a través de la creación y exhibición de sus propios diseños, telas y texturas autóctonas; accesorios, joyas y bisutería. Sin embargo, para que una nación pueda potenciar la industria de la moda, es necesario, ante todo, tener consolidadas otras fábricas importantes: textil, calzado, una red de talleres de confección, diseñadores preparados y profesionales con experiencia y know how, que forme parte de la transformación.

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