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Las telenovelas: un fenómeno global

Por Tita Hasbun / tita.hasbun@gmail.com / @tita.hasbun

Además de ser una fábrica de ilusiones, las telenovelas crean moda y frases populares. Aunque sus historias son percibidas por algunos como cursis, románticas, inverosímiles o repetitivas; a veces se convierten en esa compañía que nos hace soñar o distraernos por una hora. Siempre encuentran al gran público que siempre las sigue (el género femenino lidera el primer lugar) y han logrado posicionarse, hacer el crossover para dar la vuelta al mundo.

Dicen de la telenovela que “el género es más que un arte”. Es el absoluto esparcimiento, el pasatiempo rey, que desde hace más de 30 años domina la programación televisiva latinoamericana en las franjas horarias cumbre y, desde hace ya dos décadas ha incrementado su exportación a otras partes del mundo.

¿Cómo se explica este éxito?

Se dice que la integración de las masas en la modernidad de América Latina no pasa tanto a través de la cultura escrita, sino más bien por medio de lo “audiovisual”, proceso que se ubica en los años 50 y se desarrolla plenamente en los 70 generando una cultura de masas accesible a todas las clases sociales, impulsada por la difusión de los televisores. Es por ello que, el papel de la pantalla chica se torna fundamental en el proceso de modernización latinoamericano y la “globalización” del televidente, al familiarizarlo con programas internacionales.

La telenovela se ha convertido en una expresión de cultura popular y es una de las primeras exportaciones del territorio americano, consiguiendo así ser una de las primeras fuentes de ingreso para la región.

El rol multicultural de los dramáticos es irrevocable, es un fenómeno que se extiende por países y culturas diferentes y a pesar de las críticas, dejan su huella por tocar temas que afectan las relaciones humanas más allá del puro melodrama.

Como nunca, se ha globalizado y gusten o no, estos teledramas son adictivos, nos enganchan, a veces nos hacen soñar tal cenicienta latina o el superhéroe del nuevo mundo. En sus tramas, la carga dramática viene acompañada de sentimientos y emociones de la vida misma: amor, sufrimiento, traición, envidias, bondad, mentiras, intrigas, venganza, etc., hay de todo y ahora los guiones de las televovelas modernas se han ido transformando e incorporan más acción y elementos policíacos, comedias, thriller, e incluso ciencia ficción. Inclusive los países con más tradición de producción de telenovelas, como Venezuela, Colombia, México, Estados Unidos (Miami), le están dando paso a nuevas iniciativas que también están captando la atención, como son las series de origen turco. Un ejemplo de ello es El Sultán o ¿Qué culpa tiene Fatmagül? En el caso de Panamá, cada día se hacen más producciones hechas en casa, que dan de que hablar como fue “Una, maid en Paitilla”.

¿Sólo para mujeres?

Este hábito de consumo familiar brinda una dinámica entre los integrantes del hogar y cuando alguno se pierde algún capítulo aborda al que sea con el: “¿cuéntame que pasó?, “¿se dio cuenta la protagonista de que su pareja la engaña?”. La solución ya está disponible para que no cunda el pánico: se puede ver el episodio en diferido por una dirección web.

¿Y los hombres también ven novelas? No llorarán como las mujeres pero sí -claro el universo femenino es mayor- hay caballeros que también las prefieren, quizás no con las mismas motivaciones que las mujeres (eso lo saben muy bien los productores de éstos programas) ya que hoy las protagonistas y antagonistas son cada vez más despampanantes (ocurre también en el sector masculino) y a lo visual se le agrega una dosis de sensualidad que ¿para qué les cuento, cómo ha cambiado el cuento? Muchos prefieren series colombianas vinculadas con el narcotráfico.

Dentro de los países latinoamericanos más destacados en esta industria citamos: México, Colombia, Venezuela, Brasil y las nuevas producciones que se están realizando en Miami con importantes networks (Televisa, Telemundo y Univisión), los cuales han reinventado las noveles tradicionales, poniendo de moda “las series de temporada” y dándole un giro con relatos políticos, sociales, además de las ya mencionadas narconovelas, basadas en la vida real, con guiones que entretienen y hasta divierten, con galanes y galanas buenos (as) y villanos (as) que han logrado captar al público convirtiéndolos en sus favoritos, aunque hasta contra el mismo Papa hayan atentado.

“La repercusión de la telenovela a nivel internacional es tan grande que incluso en enero de 1999, en Costa de Marfil, se retrasó la hora de acudir a rezar a las mezquitas porque a las 7:00 p.m. se programaba la telenovela mexicana ‘Marimar?” (Soler,2011).

El poder de las telenovelas es real y siguen estando muy presentes producciones de nacionalidad hispana propiamente o hispano estadounidense. Es una industria en constante evolución con una maquinaria humana y un gran mercado que sigue a esas figuras sobresalientes que se meten en la piel de personajes interesantes, apabullantes, insólitos o ilusos -ya sean ficticios o no- porque al final lo que importa es la trama principal: entretenernos. Algunos datos interesantes:

“La exitosa telenovela venezolana Cristal fue pionera en la sensibilización colectiva. Una de sus protagonistas sufrió cáncer de mama y los medios de comunicación empezaron a hacerse eco de ese tipo de noticias con el fin de concienciar a la población”.

La telenovela hispanoamericana que marcó un punto de inflexión en el enfoque estético y conceptual del melodrama televisivo tradicional, fue la colombiana Yo soy Betty, la fea, de Fernando Gaitán, narrada con humor e inteligencia tiene 28 adaptaciones alrededor del mundo.

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