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¿Qué tenemos de musulmanes?

Por Lucas Monsalve – Historiador

En los últimos 15 años, y en especial, en los más recientes, occidente ha centrado de nuevo su atención en el mundo musulmán. Una cultura que en apariencia parece contrastar en gran medida con nuestro entendimiento y forma de vida.

No obstante, es importante hacer algunas primeras aclaraciones. La cultura musulmana es la resultante de la expresión histórica de los pueblos islámicos o islamizados a lo largo del tiempo. Árabes y no árabes. (Se puede ser musulmán sin ser árabe, así como se puede ser árabe y no practicar el islamismo).

Otro punto significativo a tener en cuenta en la actualidad, es que no es lo mismo lo islámico (todo aquello perteneciente o relativo al Islam), que los islamistas (defensores del integrismo musulmán). Incluso, ser islamista no implica necesariamente ser violento o partidario de la yihad.

Por desgracia, la conmoción causada por el terrorismo islamista pareciera que nos ha alejado de la cultura musulmana, una cultura mucho más rica y arraigada dentro de nuestra sociedad iberoamericana, de lo que en principio pudiéramos pensar.

La cultura musulmana llegó a América Latina desde la época de la colonia por dos principales vías. La primera, a través de los esclavos traídos desde el norte de África, no árabes pero sí muchos de ellos convertidos al Islam; y la segunda, por los mismos españoles, herederos directos del mundo árabe.

Los musulmanes conquistaron gran parte de la Península Ibérica, desde el siglo VIII hasta el momento justo en el que Colón atravesó el océano. Así, durante más de 700 años esta impronta ayudó a conformar la cultura española que llegó hasta nosotros.

Características nuestras, relacionadas con la estética, organización política, el hogar y la gastronomía, son los elementos más destacados del mundo musulmán que transportaron los conquistadores españoles.

Alrededor de 4.000 palabras del idioma castellano tienen origen árabe. Fueron asimiladas por España durante la Edad Media de forma directa, al carecer de equivalentes (como en la actualidad nos pasa con palabras como email, wifi o rafting). Algunas se identifican de forma fácil por la utilización de los prefijos “al” o “az”.

La cultura musulmana, por ejemplo, siempre ha tenido una especial debilidad por los perfumes, las fragancias y la estética personal. La utilización de dentífricos, sándalo, talco, incienso y una gran cantidad de productos de belleza, así como los masajes corporales, tienen origen árabe.

En la organización de nuestras ciudades también es evidente la impronta musulmana. Palabras como: aldea, alcalde, alguacil, rehén, jeque o barrio, son prueba de ello.

De igual forma pasa con el mundo de la noche y el hogar. Alcoba, almohada, albornoz, alfombra, jarra, diván, tarima, taza, son más ejemplos.

Pero dónde quizás tenemos el elemento más identificativo, es en la gastronomía. Los musulmanes incorporaron a nuestra comida un gran número de productos que hoy son de uso común. El aceite, las aceitunas, las uvas pasas, las naranjas, zanahorias, el azúcar, la berenjena, el comino, las alcachofas, espinacas, las albóndigas, el limón, nuez moscada, anís, sésamo y pare usted de contar.

Incluso, ¿quién no diría que un buen cafecito es un elemento que nos caracteriza? Pues el café no llegó a nuestra América hasta el siglo XVIII, 500 años después de ser descubierto por los árabes en Etiopía.

En la actualidad, la cultura musulmana no solo está presente en América Latina por la herencia trasmitida por los españoles. En el siglo XIX una segunda gran oleada migratoria, proveniente en su mayoría del Líbano, Siria y Palestina llegó a nuestros países. Se estima que son más de 10 millones de musulmanes viviendo en Latinoamérica hoy en día. Solo en Brasil hay más del doble de libaneses que en el propio Líbano.

Así, la cantante Shakira representa al pueblo hispano por el mundo, mientras por su sangre corre la impronta árabe de la danza del vientre, que mucho tiene que ver con el movimiento de sus caderas.

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