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Santiago Mitre:

“Hay algo de enigmático, misterioso o inexplicable en la política argentina”

Con La Cordillera, protagonizada por Ricardo Darín, el director bonaerense disecciona los hilos del poder en un drama ambientado en la cadena montañosa andina

Por Janina Pérez Arias – Festival de Cannes

El quinto largometraje dirigido y escrito por Santiago Mitre (Buenos Aires, 1980) es el más caro que ha realizado hasta ahora. La trama se centra en una cumbre en Chile, a la cual asisten los presidentes de ficción latinoamericanos. Y sabemos que algo así implica mucho dinero.

El presidente, La cumbre, La cordillera, tres títulos diferentes dependiendo del país donde se exhiba, es una co-producción entre Argentina, España y Francia, estrenada mundialmente en el recién celebrado Festival de Cannes en la sección “Una Cierta Mirada”. En este thriller político aliñado con toques de fantástico, Ricardo Darín es Hernán Blanco, el recién elegido presidente de Argentina, quien en medio de esta trascendental reunión de altos mandatarios de la región, con la cordillera andina a veces de fondo, otras como una protagonista más, se ve envuelto en un drama familiar.

“A Darín le divertía el desafío de hacer al presidente de su país, de construir a un presidente extraño”, cuenta Santiago Mitre en una terraza del Palais des Festivals et des Congrès de Cannes, con el murmullo del evento cinematográfico fundido con el graznido de gaviotas.

-Tanto en tu película anterior, Paulina, como en La Cordillera, exploras las relaciones de poder, ¿Por qué es un tema constante en tu cine?

-Como individuo que forma parte de una sociedad, me interesa la política. Es un aspecto importante, uno de los temas de los que más converso. Creo que podría hablar más de política que de fútbol, y eso que me encanta ese deporte (se sonríe). Ya en El Estudiante (2011) me centré en un personaje que se inicia políticamente en la universidad, y luego en Paulina (2015) la trama giró en torno a una mujer que decide hacer trabajo de base en política territorial y sufría la violencia en carne propia. No tardó en aparecer la fantasía de trabajar ya sobre la política en su máxima expresión, sobre políticos reales y presidentes. Entonces empecé a desarrollar una idea sobre una cumbre de presidentes latinoamericanos, y apareció este personaje (Hernán Blanco interpretado por Darín), que es un presidente recién electo, y del cual hay sospechas de que es débil, que no tiene poder suficiente. Lo que la película narra es de cómo ese personaje se va constituyendo en un presidente más poderoso de lo que era al principio. Con el personaje de su hija (interpretado por Dolores Fonzi), había algo en meterse en la intimidad de un mandatario que me resultaba particularmente interesante, era como entrar en la política por la puerta de atrás y acceder de algún modo a cierta zona de intimidad y de secretos de un presidente que se presenta como un enigma.

-¿Cuál fue tu punto de partida para el desarrollo de esta historia?

-Soy un cineasta que está en relación con la política argentina y latinoamericana, y me interesaba introducir un elemento fantástico en el retrato de la política. En Argentina existe una larga tradición de literatura fantástica, y de lo fantástico vinculado a lo político en la literatura, de eso fui consumidor en algún momento de mi vida. Cuando empecé a trabajar en esta ficción, se volvió una película realmente interesante para mí como escritor y cineasta cuando encontré ese elemento. Ahora sí que puedo decir que tiene mucho que ver con todo lo que leí de (Julio) Cortázar, (Adolfo) Bioy Casares, y a otros escritores del fantástico argentino como también latinoamericano. Me parece que hay algo de enigmático, misterioso o inexplicable en la política argentina, porque siempre tenemos la sensación de que nadie está diciendo la verdad, de que hay muchas cosas ocultas, y todo eso se adaptaba muy bien a este relato.

-A través de lo fantástico aprovechas para introducir el elemento ético que nos lleva a reflexionar sobre el bien y el mal.

-Claro. Además, al emplear lo fantástico en el cine, el riesgo que se corre es que se interprete como metáfora, pero es la posibilidad de establecer una especie de filme que funcione más de un modo moral que pragmático.

-¿Qué te motivó a mezclar géneros cinematográficos en La Cordillera?

-Si hay algo que me estimula en el cine es justamente lo inatrapable que puede tener una película, de cómo este filme en particular va transformando su tono realista en un tono más cercano al suspenso. Eso me gusta mucho. De cómo va a reaccionar la gente, es algo que no puedo saber; y eso es lo maravilloso que tiene el cine, que está en constante diálogo con alguien desde el mismo proceso de su producción hasta que llega a la pantalla.

-Al haberse producido hace poco un cambio de presidente en Argentina, ¿cómo crees que será recibida La Cordillera en tu país?

-Estoy un poco expectante (se sonríe). Si hay algo que he aprendido y sobre todo como argentino, es que la política argentina es tan volátil y mutante que uno no sabe lo que va a pasar dentro de pocos meses. El proceso de hacer una película lleva por lo menos un año, a veces más, entonces hay algo que yo nunca voy a poder prever. De hecho, lo maravilloso que tiene el cine es que esta película la verán dentro de 10 años y se interpretará de otra manera, porque sobrevivirá más allá de la coyuntura.

-¿Te basaste en figuras políticas reales para el desarrollo de los personajes?

-Cuando trabajamos con los personajes nos divertíamos buscando elementos de otros presidentes llevándolos a otros países, o de políticos que ya no están en ejercicio, mezclamos y enroscamos mucho (se ríe). Luego al ser encarnados por los actores, esos personajes terminan transformándolos definitivamente y por completo. Sin embargo la tensión acerca de esos proyectos de integración latinoamericana, la fuerza regional y de apertura de mercado, existen en la política de la región desde hace muchos años, pero quienes encarnan esos intereses se van moviendo.

-El presidente interpretado por Ricardo Darín tuvo durante su campaña un eslogan bastante cínico: “Blanco es como tú”. ¿Cómo llevas la decepción ciudadana hacia los dirigentes políticos?

-Los políticos construyen una idea ficcional sobre su identidad. Hay algo que parte de una posición política, de cómo se muestran, de cómo se visten, de cómo presentan a su familia, a qué tipo de escuela van sus hijos. Todo forma parte de la construcción y caracterización de la política. La caracterización que hace este personaje es la del hombre simple, común, igual a quienes no son políticos. Pero ¿puede un hombre así, común y corriente, convertirse en presidente de una nación? Me parece que no, y llega el momento en el que uno empieza a ver que se va transformando en un individuo político. Hay algo que siempre me interesó, y es el hecho de cómo la política les exige a esas personas que tenga control sobre sus familias, que construyan ficciones en relación a sus historias personales y familiares, para ser utilizadas con un claro objetivo político.

-Siendo tu película una disección de los juegos de poder, ¿Crees que pueda producirse un cambio real en el modo de hacer política?

-Hay políticos que me gustan más que otros, tanto en Argentina como en otros países. Existen políticos por quienes votaría, como por otros no; lamentablemente voy a tener que votar por algunos debido a circunstancias determinadas. Prefiero refugiarme en la idea de la ficción política como posibilidad de reflexión, y como un chance para que el espectador se relacione con el cine de una manera activa, y si se quiere hasta política. El por qué existe una crisis de partidos políticos en el mundo occidental, o por qué surgen estos individuos tan periféricos como (Donald) Trump, (Emmanuel) Macron o demás, no lo sé. Pero evidentemente hay algo que a la política le está costando contener, le está costando comunicarse con los votantes, lo cual lleva a ese tipo de cosas como que elijan a Trump en EEUU.

-El hablar sobre tus películas, ¿Te hace reflexionar sobre el resultado final, acerca de cosas que harías mejor?

-Afortunadamente la única manera de corregir una película es filmando otra (se sonríe). Lo que te estimula del diálogo es que te da pie para encontrar más ideas y te motiva para seguir filmando.

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