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Agresividad canina

Por Francisco Winterhalter — www.winterperros.com

El primer paso para poder coexistir con este tipo de conductas es, ante todo, concientizarnos de que la agresividad en los animales es un comportamiento totalmente normal y de gran importancia para la supervivencia y el mantenimiento de la especie. Los animales logran cazar y luchar con otros congéneres para poder reproducirse, proteger a sus crías, encontrar y mantener en dominio mejores territorios, que sean más ricos en recursos y seguros.

Esta falta de entendimiento por parte de las personas genera en ellas un sentimiento de gran frustración, decepción e impotencia, que provoca un nivel de energía muy inestable donde no se logra controlar ni transmitir calma al animal. Por las necesidades de la especie como animal instintivo, se pueden manifestar diferentes tipos de agresividad:

Agresión posesiva: es muy similar a la agresión territorial; el animal se torna posesivo frente a diferentes objetos, por ejemplo, una pelota, un hueso o incluso el alimento.

Agresión territorial: característica de un perro que se encuentra en su territorio, en el cual se siente seguro y conoce muy bien.

Agresión maternal: se manifiesta cuando una madre protege a sus cachorros frente a la presencia de una potencial amenaza.

Agresión por temor: un perro miedoso e inseguro puede llegar a atacar frente a la presencia de algo que considera una amenaza y que no puede evitar, como instinto normal de supervivencia.

Agresión predatoria: se observa en los animales que son cazadores. Suelen reaccionar frente a la presencia de un estímulo en movimiento.

Agresión dominante: se observa en animales que desde su nacimiento manifiestan con gran intensidad sus intenciones de liderazgo en cuanto a su estatus social.

Cualquier tipo de agresión es normal que las observemos en los perros, pero hay una franja y un límite en el que ese comportamiento puede pasar de ser viable con la convivencia, a no serlo. Si bien existen razas que a nivel social o de prensa se tildan de agresivas, en realidad cualquier perro, sea de raza o mestizo, presenta este tipo de tendencias naturales de su especie.

Para evitar que estos comportamientos se manifiesten de manera intensa y problemática, es importante brindarle al perro un estilo de vida activo y dinámico, con gasto diario de energía, disciplina y contacto social. No está de más aclarar que los malos tratos y las agresiones son absolutamente contraproducentes para la salud mental del perro. Es importante también la energía que proyecta su propietario o manada, y cómo esto influye en su equilibrio.

Lo que observo a diario, en estos catorce años que llevo trabajando en diferentes situaciones familiares, es el hecho de que los peores trastornos en el comportamiento de los perros tienen un denominador común: un mal manejo del dueño sobre su perro; así como poca atención sobre sus reales necesidades. Tener un perro requiere tener tiempo para dedicárselo, ya que hay muchas formas de abandono. No solo de alimento vive el animal, y cuando el vínculo o la atención pasa solo por este plano, es inevitable que los problemas empiecen a aparecer. Un perro es una presencia que entra en nuestras vidas e indiscutiblemente las modifica.

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