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Como perros y gatos

Por Francisco “Winter” Winterhalter — Facebook/ Winter Perros

Conocer el comportamiento de una especie determinada es la clave principal para poder evitar problemas vinculares, pero lo que es más importante, es que el equilibrio emocional de cualquier animal es un reflejo de su bienestar y felicidad. El entorno en el cual viven, sumado al vínculo que las personas generan con ellos y al mismo tiempo las rutinas que mantienen en su estilo de vida, son algunos de los pilares necesarios.

Los perros son animales de manada que para estar equilibrados necesitan, entre otras cosas, formar parte de un grupo. Los gatos, en contraste, son mucho más independientes desde el punto de vista social por lo que se caracterizan por ser más solitarios y conectados con su ambiente, eso los hace felices. A nivel familiar los perros generalmente disfrutan mucho de estar cerca de su familia y recibir caricias, mientras un gato puede llegar a irritarse y preferir elegir un lugar elevado en el cual pueda estar más tranquilo.

Dentro de los juegos preferidos de la gran mayoría de los perros, lo es perseguir una pelota, que sea lanzada varios metros delante para correr a toda velocidad. Las uñas retráctiles de los gatos, les permiten tenerlas bien conservadas y afiladas, prefiriendo juegos como rascar un cartón o atrapar un objeto que les pase lo suficientemente cerca y con gran agilidad.

Para salir a cazar los perros se manejan generalmente en grupos, lo cual les permite capturar presas más grandes para alimentar a su manada. Una característica a destacar es que los perros son excelentes corredores a largas distancias, esto genera gran diferencia en las estrategias que utilizan los felinos para lograr alcanzar una presa.

Los gatos, con un cuerpo totalmente diferente, son muy buenos en poder acercarse a su presa de manera sigilosa, para que cuando alcancen a estar a una distancia prudencial, generar una carrera corta en la cual arrebatan su objetivo.

Desde el punto de vista de su dieta y alimentación, los gatos son estrictamente carnívoros, mientras que los perros son omnívoros; eso significa que también pueden comer vegetales.

En cuanto a las raciones, las características y necesidades nutricias difieren. Si de metabolismo se refiere, los gatos tienen diferencias significativas con los perros; nunca mediques a un gato como lo harías con un perro y viceversa, en todos los casos consulta a tu veterinario de confianza. La salud es de gran importancia y como ellos no hablan, muchas veces puede pasar que no nos demos cuenta de determinados problemas clínicos que puedan tener, es aconsejable visitar periódicamente a tu veterinario de confianza.

Un gran mito es que los perros y los gatos no se llevan bien, es una falacia, todo está en la adaptación y exposición que se realice entre ambos animales.

Bien adaptados y socializados es muy lindo verlos juntos y compartiendo un mismo espacio. Más allá del animal que elijas tener en tu familia, es importante concientizarte de que deberás hacerte cargo de él para toda su vida, en las buenas y en las malas, brindándole un estilo de vida que satisfaga sus necesidades naturales, para permitirle estar equilibrado y feliz desde el punto de vista emocional.

Historia

Los gatos eran antiguamente idolatrados por los egipcios quienes les atribuían dones curativos para enfermedades, así como también consideraban que aumentaban la masculinidad y fecundidad en los hombres. Se imponía una rigurosa protección hacia los mismos e incluso posibilidad de pena de muerte a personas que les hicieran daño. Su mirada es esencialmente misteriosa, nunca sabemos exactamente qué piensan, a diferencia del perro que hace lo imposible por hacerse entender.

Los perros domésticos han heredado una jerarquía social y unos comportamientos sociales complejos de su antepasado, el lobo. Son animales que viven en grupo, con un conjunto complejo de comportamientos que determinan la posición de cada perro en la jerarquía social. Las pruebas arqueológicas demuestran que el perro ha estado en convivencia cercana con los humanos desde hace al menos 15.000 años, a diferencia del gato que es significativamente menor.

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