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La Navidad siempre es verde

Por Heidy Ramírez S – @ideagenial

Cuando estamos en plena celebración de cualquier festividad, bajo la alegría del encuentro con la familia y amigos, disfrutamos del momento sin pensar mucho en lo que viene después: la jornada de limpieza.

Algunas personas más precavidas suelen planificar con anticipación todos los detalles e incluyen en ellos no sólo el proceso de recolección de desechos que podrían generar sino la reducción posible de los mismos. Sin duda, todos poco a poco podemos formar parte de este segundo grupo, manteniéndonos en perfecto equilibro entre el regocijo de las fiestas y el cuidado de nuestro entorno. Todos podemos contribuir a tener una Navidad “limpiecita”.

Según la Evaluación Regional del Manejo de Residuos Sólidos Urbanos en América Latina y el Caribe, del año 2010, para el 2050 la población urbana estará cerca del 80%, lo cual equivale a un consumo mayor y en consecuencia a una mayor cantidad de basura generada. Esta investigación indica que el habitante latinoamericano genera por día entre 0,91 y 0,93 Kg de desperdicios. Si a eso le sumamos que según algunos expertos, en la época navideña aumenta esta cifra en un 30%, tenemos un panorama retador para iniciar acciones.

Se trata simplemente de generar pequeños cambios que luego se hacen hábitos. La mejor manera de empezar es comunicando a la familia el nuevo enfoque que queremos darle a la Navidad, así todos estarán alineados y proactivos. Esta iniciativa debe desarrollarse de forma no coercitiva, en armonía, haciendo que todos los miembros de la familia participen dando su opinión sobre cómo generar acciones más sostenibles. La comunicación siempre es el mejor camino.

Considerando que como apunta también la mencionada investigación de la Organización Panamericana de la Salud, más del 50% de los residuos son orgánicos, el primer paso es organizar el consumo de alimentos para no desecharlos. Haga un listado antes de comprar los alimentos, incluyendo solo los que va a necesitar, para evitar residuos.

Cuando haga sus compras de esta época, prescinda de los cartuchos de plástico, lleve los suyos. Y si en alguna tienda considera que lo que compra no amerita un empaque, simplemente coméntelo a la vendedora amablemente, así ella en un futuro también comenzará a preguntar a los clientes si realmente necesitan la bolsa plástica.

Aunque cada vez se acostumbran menos, prefiera las tarjetas de Navidad digitales. Si las entrega en papel, utilice tarjetas reciclables, recicladas o cómprelas a organizaciones que tengan proyectos sostenibles.

Aunque suele aumentar un poco el consumo energético inevitablemente, tome todas las precauciones (incluso por seguridad de su hogar) en cuanto a luces y otros artefactos. Si se va a descansar en la noche, simplemente desenchufe todas las conexiones del arbolito y el pesebre.

En Navidad tratamos de celebrar más y trabajar menos, pero en lo posible, evite platos, vasos y cubiertos desechables, de plástico o papel que por una sola ocasión de uso terminan en los vertederos.

Motive a sus allegados a recoger ropa, accesorios, zapatos y otros que se puedan donar a personas o instituciones necesitadas. Este reciclaje puede alegrar a otros en una temporada tan especial.

Separe todo lo que pueda en su hogar y en su comunidad. Ubique centros de disposición de vidrio y latas, material cuyo consumo se incrementa en esta temporada.

Piense en la posibilidad de reutilizar las decoraciones de Navidad y crear nuevas a partir de materiales reciclados. También puede usar la creatividad y hacer sus propias envolturas de regalo reciclando o combinando materiales que tenga en casa.

Para sus comidas navideñas, prefiera productos nacionales o regionales, poco empaquetados, que se acerquen más a lo natural y procedan de empresas que tienen un alto compromiso social.

Si quiere hacer un regalo por qué no pensar en una planta con un bello lazo, que resulta adecuada para cualquier ambiente o en un obsequio comestible (un dulce tradicional, una cesta de frutas, galletas), ambas opciones requieren menos envoltorios y un menor proceso industrial. Los detalles provenientes de artesanos, elaborados con semillas, fibras naturales y otros elementos biodegradables también contribuyen con el planeta.

En cuanto a la comunidad, también puede propiciarse la labor contagiosa de promover la Navidad limpia, organizando un centro de reciclaje. Empezar por entusiasmar a todos los vecinos a recolectar y ubicar las botellas de vidrio (tan comunes en la temporada) en un contenedor para luego seleccionar una empresa transformadora que las recoja, puede ser un buen comienzo.

La labor de limpieza no es exclusiva de los servicios municipales o regionales, es un intercambio de corresponsabilidades. Y si aprovechamos las festividades para viajar por el país y conocer más nuestra geografía, es necesario recordar que el paradigma de cero residuos debe ser para todo el año. Una costumbre sencilla es llevar siempre un cartuchito para depositar allí cualquier desperdicio hasta llegar a un centro urbano que tenga servicio de recolección de basura.

Botar cosas por la ventanilla del automóvil o un bus es totalmente censurable. Prefiera adquirir contenedores grandes de agua potable y no individuales pequeños que se convierten en más desechos plásticos.

Súmese a los nuevos usuarios mundiales de hoteles que pueden reusar las toallas hasta terminar su estadía y no reponerlas diariamente. Es necesario recordar también que la contaminación no sólo se ve sino se escucha, por eso quienes son amantes de la música deben hacerlo en el volumen adecuado por respeto a los ecosistemas.

Seguramente al encender el arbolito de ideas ecológicas pueden surgir muchas más, no sólo para Navidad sino para todo el año.

Ponerlas en práctica es acción diaria.

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